Mil cavalitos persas...

Nadie comprendía el perfume
de la oscura magnolia de tu vientre.
Nadie sabía que martirizabas
un colibrí de amor entre los dientes.
Mil caballitos persas se dormían
en la plaza con luna de tu frente,
mientras que yo elazaba cuatro noches
tu cintura, enemiga de la nieve.
Entre yeso y jazmines, tu mirada
era un pálido ramo de simientes.
Yo busqué, para darle, por mi pecho
las letras de marfil que dicen siempre.
siempre, siempre: jardín de mi agonía,
tu cuerpo fugitivo para siempre,
la sangre de tus venas en mi boca,
tu boca ya sin luz para mi muerte.
Federico García Lorca, Gacela del amor imprevisto
P.S: Este poema é do c.... Perdoem-me a expressão, mas de vez em quando, apetece-me soltar um vernáculo bem português.

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